Reflexiones, ideas, elucubraciones y pensamientos que quedan en mi mente luego de las impredecibles, enriquecedoras, inesperadas e irónicas situaciones cotidianas y/o trascendentes de mi vida...

20 agosto, 2008

En esa medida!

Una vez en esas buenas conversas de sobremesa, una amiga acuñó una frase que hoy me viene a la mente: Hay maneras de estar! Y ciertamente es asi.
Hablabamos sobre las relaciones, sobre la amistad y sobre esos sentimientos que se pierden sólo porque dejas de cultivarlos.
Me quejaba de que hay personas a quienes aprecio infinitamente pero pocas veces recibo retroalimentación de mi cariño. Decía que desde hace mucho tiempo decidí dejar de lado cualquier relación unilateral que me colocara en posición de esperar. La victimización claramente no es mi estilo.
El debate fue intenso. Otra de la presentes reafirmaba lo que yo planteaba. ¡Es cierto! A veces damos mucho más de lo que estamos dispuestos a recibir.. y casi siempre no recibimos ni siquiera lo que esperamos.
Fue entonces, cuándo llegó la frase que nos dio luz y que rebatió todas las excusas posibles de esos seres ingratos que nunca tienen tiempo, ganas, espacios, dinero, etc, etc,...
HAY MANERAS DE ESTAR!
Sobretodo en la época de la omnipresencia electrónica es poco lo que podemos decir para disculpar las ausencias. Un correo electrónico, una llamada, un mensaje de texto, un cafecito vía facebook, un encuentro casual en el concurrido mall!!!
De hecho es tan así, que incluso de quienes no lo espero he recibido confirmaciones feacientes de que cuándo se quiere se puede. Un simple ícono en la ventana del messenger me recuerda permanentemente el cariño guardado por años en un corazón... una llamada esporádica sólo para consultar los pronósticos electorales me recuerda que alguién cree en mi criterio... una ventanita naranja titilando en el escueto chat del gmail para debatir si es mejor una palm o un blackberry.. esas son formas de decir: Te recuerdo y te extraño. Esas son maneras de estar.
Cómo me dijo una vez un entrañable amigo: en la medida en que tú estés, yo estaré!

27 marzo, 2008

En plena visita de la SIP, despedida...

La Sociedad Interamericana de Prensa visitó el país hace 2 años para constatar las denuncias en relación al acoso del que era victima el diario más antiguo de Ciudad Guayana. En aquel momento, yo laboraba en el periódico de mayor circulación de la ciudad y cubría la fuente política. Por supuesto me tocó cubrirlo.
La política de mis editores casi me obligaban a obviar la verdadera razón de la visita de esta comisión, que dicho sea de paso, nunca fue recibida por representantes del gobierno, ... y al final de la tarde, con un poco de astucia - propia de todos los periodistas de este país- pude escribir sin censura, pero con precaución.
Hace un año y medio que dejé los medios de comunicación social porque me convencí que el diarismo y el periodismo institucional eran lo mismo en este país. O trabajas para una empresa y ganas bien, o trabajas para una persona (dueño de medio) y te dices llamar periodista de calle.
Lamentablemente, el periodismo independiente sigue siendo una utopía en Venezuela, tal vez en el mundo.
Entre todo, uno trata de mantenerse actualizado de cómo va el asunto en las redacciones locales - nunca se puede negar la vena periodística.
La noticia del día no me sorprende..., pero como me indigna.
Una colega fue despedida por "meterse con un amigo del dueño" - ¿Qué te puedo decir?.
O por lo menos, es lo dicen por ahí.
Un tubazo sobre corrupción judicial en la región fue la causa del despido.
Mutismo en el CNP, solidaridad infertil de sus compañeros y jefes, una sociedad complice que aplaude la inauguración de una nueva sede, sin importar que ésta carezca de la certificación de culminación de obra - requisito indispensable para la habitabilidad- y cuya estructura cuenta con una orden parcial de demolición por irrespetar el derecho de vía, y una jugosa multa.
Y no hay inamovilidad que valga (y olvídense que es porque el sueldo de un periodista supera los 3 sueldos mínimos...)
Escribo con decepción y con rabia. Con impotencia de ser parte de un gremio tan mal representado en un CNP inerte y ausente. Pero no me callo.
Creo que simplemente si queremos respeto en el ejercicio de nuestro rol, debemos empezar a exigirlo. Y no lo digo por ella que en vez de un reconocimiento por su trabajo recibió una hoja de despido. Lo digo por la dignidad de una profesión que nos define.

26 marzo, 2008

La fórmula de la felicidad

Para escribir un reportaje sobre la creciente emigración de los venezolanos desde hace 10 años para acá, me permití contactar a los administradores del website http://www.mequieroir.com/. Diligentemente respondieron mi petición de información, y aunque me dijeron que sus estadísticas reflejan mucho más las intenciones de emigrar, que la concreción de esa idea, me llamó poderosamente la atención sus afirmaciones: luego de la victoria de Chávez en la presidenciales de diciembre del 2006, el número de visitas a esa página aumentaron un 300%. Quizás unas cuántos click de esas estadísticas era yo misma.
Reflexiono porque cuándo me detuve a replantearme las metas para este año, decididamente no contemplé emigrar. Es que Venezuela con todo y su inmadurez política y ciudadana ha terminado convenciéndome, sin tener aún muy claras las razones.
Navegando por el diversísimo mundo virtual, me topé con un antiguo amigo del colegio, un hispanovenezolano que temporalmente reside en Australia.
Tocamos el tema y me dijo sin titubeos: cuándo termine de explorar el mundo, y luego de haber vivido en los 7 continentes ( ya sólo le faltan 2) espero regresar a residir en Venezuela.
Me sorprendió que después de haber estudiado en España, Finlandia y USA, de haber vivido en esos tres países más Australia aún prefiriera regresar al tercer mundo. Su simple pero tan acertada respuesta me cautivó: ¿Sabes lo que he descubierto? Qué si existe algo díficil de encontrar en la vida, es la felicidad, y ¿sabes quienes son los seres más felices del mundo? Los venezolanos.
Prueba de que sus palabras son más que una simple suposición, el estudio mundial realizado por una universidad británica sobre los niveles de felicidad en diversos paises del mundo (177) nos colocó en el puesto nº 25, siendo el único de Suramerica y el tercero junto a EEUU y Canadá en aparecer entre las primeras 50 naciones más felices.
No nos basta con eso. En la edición 2008 del libro de record Guinness los venezolanos hacen alarde de su felicidad, al ser catalogados como la población más alegre del planeta. Asi que indudablemente, y a pesar de la interminable lista de males y vicios que nos aquejan como pueblo podemos sentirnos orgullosos de nuestro optimismo. ¿En qué otro país del mundo la escasez de gasolina representa la oportunidad de amanecer rumbeando con los panas en una cola? ¿O el invento de tragos criollos como ron con Clight ® o con Nestea® a falta de la preciada Coca Cola™?... o significa la creación improvisada de una red de información en torno a los centros de abastecimiento para encontrar leche en polvo y otros productos desaparecidos de los anaqueles?. Sin duda, que el venezolano es feliz. Para mi gusto, más de la cuenta... pero para otros como mi amigo, la tierra de la posible, de las sonrisas, una fábrica de felicidad!
Entonces, al mal tiempo buena cara ¿o no?.

11 marzo, 2008

Herederos!

Hace unos días chateaba con un buen amigo y hablabamos de su bebé en camino. Le dije como acostumbramos a bromear entre mi esposo y yo, que su hijo sería el heredero. Mi exigente e inconforme colega me dijo: NO me gusta como suena... suena a flojo.
¿Cómo culparlo si a cada rato las revistas del corazón y la prensa amarilla hollywodense nos ofrece miles de reportajes sobre los y las herederas más famosas e inútiles del mundo?...
Reflexioné sobre si me equivocaba en la acepción de la palabra y finalmente concluí que no. Cuándo digo que mi hija es mi heredera no puedo estar más cerca de la verdad. No sólo por las implicaciones legales de las lineas sucesorales sino porque literalmente es así.
Los hijos lo heredan todo de los padres.
Y no hablo de lo material ni del fideicomiso, sino de esas pequeñas mañas, de la forma de vivir y hasta de las más erradas creencias.
De mi madre heredé muchas cosas. Algunas buenas y otras no tanto. Me sorprendió ver como la sabiduría de mi pequeña de 2 años me puso en evidencia el otro día.. Jugabamos a imitar los sonidos de los animales... ¿Cómo hace el pollito? pío pío...¿Cómo hace al vaca? MUUUU!... ¿Cómo hace el caballo? JEJEIEJEJE! ... ¿Cómo hace el gato? Miiiiaaaauuuuu... cuándo le preguntaron ¿Cómo hace mami?, ella muy diligente se detuvo 2 segundos y dijo: con dedo índice apuntando y todo: ¡No Camila, caca!... ¡Sorpresa! Así hago yo! Eso es lo que le estoy enseñando a mi hija sin darme cuenta.
Supongo que algo así pero en escalas muy superiores es como se reproducen los esquemas culturales. Supongo que si le preguntamos a un extranjero cómo hacen los venezolanos, nos sorprendería mucho su respuesta.. quizás no. Quizamos hacemos: !Qué vamos hacer.. esperemos que vengan los gringos a sacar al loco!... o hacemos: ¡Ponme dónde hay...! u otros hacemos: ¡Estoy loco por irme... el país nunca cambiará!
No sé si está bien o mal... lo cierto es que TODOS somos producto de la herencia sociocultural, de la historia de nuestros pueblos acomplejados porque otros trabajan y progresan..., mientras nosotros esperamos que los demás nos solucionen.
Herencia suena a flojo porque suena a plata, porque lo material es hoy la referencia inmediata. Ya no vale de nada el abolengo, el apellido, ni siquiera un título universitario... cómo decía mi profesor de química... ahora el apellido es una marca de carro. Marcos el del Fiesta... Luis el de la Terios.... .. o en el caso atípico de Ciudad Guayana... el apellido tiene nombre de empresa básica... Julia de Venalum... Pedro de FMO... o Gabriela de Edelca...
Empiezo a preocuparme por la herencia que le dejaré a mi hija. Y no hablo de la plata, insisto. Hablo de la educación, de los valores... de esta sociedad distorsionada donde unas buenas tetas se valoran más que un cerebro pensante... de un país arruinado, dividido, ignorante... de ese "raboepajismo" del que Emi y yo siempre conversamos...
Ojalá y en el futuro heredero empiece a sonar a esperanza de cambio, a voluntad, a unas mejores oportunidades... Ojalá y mi hija herede un gentilicio respetado y apreciado en el mundo y no uno que encabeza las listas de inmigrantes de otras latitudes... o una lista de países que apoyan el terrorismo :S... Ojalá!

29 febrero, 2008

¿Por qué soy periodista?

Mi sueño de infancia era llegar a ser la primera presidenta venezolana, y ya para entonces aburría a mis hermanos con discursos y alocuciones. Creía que algunas cosas no funcionaban bien, que a las ciudades les faltaban lugares, que a los niños no les escuchaban, -a las niñas menos- … y por eso y por muchas otras percepciones, era que yo quería hacer algo. Pero luego crecí y me alcanzó la confusión propia de la adolescencia hasta que definitivamente abandoné mi idea de lanzarme a la arena política.
Sin valor a defender mis propios sueños, seguí sugerencias maternas, enfilándome en la Universidad Simón Bolívar (Venezuela), donde estudiaría ingeniería química. Por supuesto, en vez de estudiar matemáticas me pasaba el tiempo leyendo sobre historia y temas rebuscados de las más diversas áreas sociales.
Al fin me decidí y volví a casa. Con mi rebeldía natural escogí una carrera totalmente opuesta a los deseos de mi madre y así fue como entré a estudiar Comunicación Social. Aún a mitad de carrera todavía despreciaba el periodismo como profesión, y era lógico, pues cómo dijo un ecologísta senegalés (1968), “amamos sólo lo que entendemos”.
A pesar de algunos inspiradores profesores, y de otros no tanto, no comprendí el periodismo hasta que tomé un lápiz, un papel, un grabador y comencé a escribir noticias. No fue sino hasta una tarde de julio del 2004, cuando llegué a la redacción de un periódico local, y un jefe apurado me dijo: ¡Hoy no viene la periodista de comunidad. Ve a la calle y monta una nota sobre los niños waraos malabaristas. Te toca la D1!..., que entendí lo que significaba ser periodista.
Cuánta responsabilidad. No lo podía creer. Nada de lo que había aprendido en clase me venía a la mente. Ninguna regla gramatical, ni teoría de la información me era útil es ese momento.
Los Waraos, son una etnia indígena de mi país que tradicionalmente reside en el estado Delta Amacuro (provincia vecina de nuestro estado – Bolívar- ) donde están ubicados muy cerca del agua, debido a que su modo de vida depende en gran medida de la pesca y la producción de cestería de una planta que se da muy bien en esos ecosistemas. A raíz de la intervención “del hombre civilizado”, las condiciones de vida de estos aborígenes han desmejorado y muchos han emigrado a localidades cercanas como en este caso, convirtiéndose en un problema social y de salud pública para las ciudades receptoras, a causa del estado de insalubridad y miseria en el que viven. La cestería y la pesca fueron sustituidas por la holgazanería de los hombres y por la mendicidad de mujeres y niños, quienes sobreviven gracias a las lismonas de los transeúntes.
Los niños waraos, brillantes en su capacidad de crear, copiaron los malabares de jóvenes que viven de hacer piruetas al más puro estilo urbano en los semáforos de cada ciudad. Ellos y sus pelotas de colores en el aire, me enseñaron mi primera verdadera lección de periodismo: siempre hay historias que contar, y algunas son mucho más complejas de lo que parecen.
Aunque ellos se comunican en su dialecto, algunos entienden y hablan el español, pero yo, muy inexperta aún, aquella tarde no conseguí ni una sola palabra de su boca para escribir mi primera noticia. No me importó. Al fin estaba algo más cerca de lo que es el periodismo, y apenas empezaba a amarlo.
Mi segundo gran encuentro memorable con esta profesión, sucedió a casi un mes de mi llegada a esa redacción. 15 de agosto del 2004, día del histórico referéndum revocatorio presidencial en Venezuela. Cubrí todo el operativo electoral, visité muchos centros de votación, escuché denuncias, reporté irregularidades y hasta esperé resultados oficiales. Mi país estaba escribiendo su historia y yo estaba allí para contarla. No para ser protagonista, cómo pensaba en mis años escolares, sino para ser testigo y garante de que la verdad sería dicha.
Para entonces, ya me había enamorado locamente del periodismo, poco a poco lo entendía. En adelante, cada día del diarismo se convirtió en un encuentro del que podría escribir por horas o por días, y la razón es que desde ese momento hasta hoy, nunca me han faltado las palabras, ni las historias, ni los motivos para ser periodista. Es simple. Llegué a ser periodista, quizás por error, pero ahora lo soy por pura convicción.
¿Qué por qué soy periodista? Bueno… Soy periodista porque quiero seguir contando historias, porque deseo seguir escuchando anhelos, porque quisiera continuar elevando denuncias, y sembrando conciencia, y despertando reflexiones, y también cultivando ideas, pero soy periodista sobre todo, porque sigo teniendo en mente aquel objetivo que me hacia soñar con la primera magistratura nacional: construir un mejor país y defender las libertades.